• Merche Toraño

La menopausia ya no exige abanico



¿Os acordáis cuando ver a una señora entrada en los cincuenta y manejando un abanico era sinónimo de mujer menopáusica?


El abanico fue y sigue siendo un utensilio del que se disponía, especialmente las mujeres, para refrescar el rostro en situaciones de altas temperaturas y, hasta hace poco tiempo, el aire condicionado barato para la etapa pre y post menopáusica Si si, digo bien, condicionado, condicionado a la agilidad de las manos que lo movían, con más prisa que donaire, para forzar una ventolera dirigida a un rostro, que encendido, pedía clemencia para su rojez. Eran otros tiempos, aunque algunos todavía muy cercanos, en que la menopausia no bastaba con pasarla, había que sufrirla, era obligación femenina terminar así su vida fértil. Y según los agoreros, más perversos que profetas, no solo acababa ahí la capacidad procreadora de las féminas sino que también comenzaba el fin de su juventud, su belleza y su fuerza sexual. ¡Ay malvados/as ignorantes que no querían enterarse de que la fortaleza de una mujer, mientras ella tenga voluntad de conservarla, no hay menopausia que la tumbe.


Me viene a cuento esta reflexión porque hace unos días, hablando con una chica que previendo su entrada en la perimenopausia -ya sabéis que es la antesala a la menopausia o cese de menstruación- me contaba cosas muy desagradables que algunas conocidas suyas le aseguraron haber padecido en ese periodo de tiempo y en el posterior o posmenopáusico. Estaba aterrorizada. La encontré saliendo de unos grandes almacenes con tal aprovisionamiento de abanicos que llegué a pensar si preparaba unas vacaciones al Desierto de Lut en pleno mes de agosto. Manifestaba tal preocupación por esa etapa, en la que creía que se iba a quedar hecha una piltrafilla, que. empatizando con su sentimiento de miedo, para no echar más leña al fuego y, dentro de mis posibilidades tranquilizarla, decidí tomarme un tiempo para explicarle mi experiencia de forma un tanto desenfadada. Mira, le dije, ni caso a lo que te cuenten .Primero, nadie es igual a nadie ni siquiera para experimentar o asumir esos cambios hormonales inevitables. Cuando los ovarios ya están hasta las narices de producir estrógenos, dicen ¡hasta aquí llegamos! Y empiezan a disminuir su producción, se prejubilan. Creo que ellos están en su derecho y que tú, con el mejor de los talantes, deberías gritar: ¡al fin liberada! ya que quedas redimida de ese castigo divino que desde los rebeldes y desobedientes Adán y Eva nos tiene a las mujeres durante casi media vida, expuestas a un riesgo de anemia, a dolores cíclicos, obligadas a un equipamiento y uso de incómodos complementos íntimos en nuestra vestimenta... ¡vamos un rollo! Y hasta sustos cuando ese desgarro interno no es puntual a su cita con nuestro organismo. Tampoco te creas lo de la inapetencia... bueno, ya sabes… Al contrario, a partir de ese momento vivirás sin temor a un embarazo que ya no deseas, sin esas molestias que aparecen cada mes y que a veces se convierten en un suplicio contra el que necesitas medicación. ¿Y sabes qué? que todo eso lo eliminas de tu vida a partir de la menopausia. Con una terapia de reemplazo hormonal que el médico te puede recomendar, generalmente con sustancias naturales, podrás superar ese periodo de tiempo con la mayor calidad de vida y sin síntomas especialmente fastidiosos. Por eso hay que afrontarla con positividad, sin miedo, porque no existen motivos para temerlo, Y como creo que lo más importante es la actitud con la que se afronte ese hecho, ante todo, te recomiendo tranquilidad . No estás pasando por una enfermedad, solo es un ciclo biológico natural. Es una de las fases de nuestra humana obsolescencia programada. Esos momentos no significan nada más que lo que son, un cambio hormonal cuyo proceso ocupará un tiempo durante el cual seguir unas instrucciones médicas ayudarán muchísimo contra algunas de las consecuencias, entre las que están los temidos sofocos que llegan en cualquier momento inoportunamente ,sin pedirte permiso y que son más frecuentes en situaciones de tensión, por lo que tienes que procurar distraerte y no pensar, cuando estás con alguien, que te van a sobrevenir porque esa preocupación también contribuye a sumarse a tu estrés. Procura disfrutar todo lo que puedas, pasar tiempo al aire libre. seguir tu alimentación habitual es recomendable para no coger peso, porque a veces la ansiedad te hace comer de más. Mantén tu piel hidratada, cumple con los cuidados que tu médico te recomiende y verás como todos tus miedos de ahora son infundados Te lo está diciendo una que ,si eso caduca, seguramente ya está sobrepasada hasta en la fecha de caducidad.


Esos sofocos insoportables a los que tu tanto temes, que muchas mujeres dicen haber sentido, y sintieron, son testimonios de un pasado, en el que ellas pasaban "a pelo" esa especie de tortura. Ahora, afortunadamente, existen cuidados sencillos que si los llevas a rajatabla te van a permitir que esa etapa sea, tan solo, el transcurrir de un ciclo más en tu vida. Ese calor que les subía a nuestras madres desde el pecho hasta la cara, que las hacía pasarlo mal y las ponía en evidencia, alteraciones del sueño o desequilibrios emocionales, hoy se pueden mitigar con una terapia de reemplazo hormonal, con unos cuidados mínimos que tu ginecólogo o médico de cabecera te pueden recomendar, y entre los que se cuentan las isoflavonas de soja y otras sustancias casi siempre naturales, para que puedas pasar ese tiempo con la mayor calidad de vida posible. Créeme hay alternativas eficaces que permiten que el destino del abanico sea solo el de airearnos un poco los días de calor.


Yo tal vez tuve suerte y no formé parte de una de esas seis de cada diez mujeres que, se dice, padecen los síntomas de una forma más acusada, pero creo que la actitud de despreocupación ante el hecho y una mínima disciplina en las pautas marcadas por mi terapeuta me ayudaron mucho a que esos cambios pasaran por mí como por tantas otras -algunas que conozco- sin pena ni gloria, o con más pena que gloria tal vez. Pena para esos estrógenos, malvados ellos, que se equivocaron cuando creían que iban a destrozarme la vida. y gloria porque su huida no hizo ninguna mella en mi psique, y creo que poco o nada en mi organismo. ¿Sabes lo que hice cuando pasé por ello y se acabó? grité ¡Qué felicidad! Y es que fue una liberación para mi cuerpo y para mi espíritu y ,ahora, después de algunos años, aquí me tienes envejeciendo, como es natural, pero tan contenta y, desde entonces, más libre que nunca


Ya, para despedirme de ella y acabar con la improvisada alocución, destinada a procurar la calma de la muchacha, añadí, dirigiendo mi vista hacia la bolsa que. rebosante de repetida mercancía, colgaba de su mano: No temas a la menopausia ni a su leyenda negra. Quédate con uno o dos para lucirlos como adorno en tus días de verano, devuelve el resto y recupera tu dinero porque hoy en día la menopausia ya no exige abanico.


¡Ah! por cierto, el abanico también fue utilizado en otras épocas para diferentes menesteres. En otra ocasión os hablaré de él y de alguna faceta de su bella historia.


Imagen de - edad de niebla -


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