• Estrella Collado

La Parrala


Dolores Parrales. Foto del Archivo de la Biblioteca Hispánica


El misterio rodea la vida de muchas mujeres artistas que triunfaron en el siglo XIX pero que han sido silenciadas por la historia.


Son muchas las canciones y poemas de las que es protagonista “La Parrala", para la gran mayoría una desconocida o un personaje ficticio protagonista de las letras de algunas coplas. Sin embargo, Dolores Parrales Moreno, alias “Dolores la Parrala”, fue una conocida cantante. Se sabe muy poco acerca de su biografía, su vida estuvo rodeada de misterio. Lo poco que se puede aportar es consecuencia de las noticias publicadas en los periódicos de la época, y del libro Cantaores andaluces, historias y tragedias de Guillermo Núñez de Prado, publicado en 1904.


Nacida en 1845 en Moguer, provincia de Huelva, se inició muy joven como artista en el Café cantante de su pueblo natal, pero fue en la capital hispalense donde realmente se formó como cantaora. Adquirió gran fama en el conocido Café de Silverio, cuyo dueño fue su maestro y mentor y a quien dedicó alguna de sus coplas:


“Como Silverio se muera,

se acabó el cante flamenco”


Dicen los expertos del flamenco que Dolores Parrales tenía una voz privilegiada con la que ejecutaba gran variedad de palos, entre ellos malagueñas, fandangos, seguiriya, o soleá, de esta última ha sido la máxima representación. Su pasión por el flamenco la llevó a investigar en las raíces de este arte con el objetivo de rescatar cantes casi extinguidos, como “El Pregón del pescadero”.


Ejerció como maestra de Antonio Silva “El Portugués” y durante finales del siglo XIX la prensa habla de esta cantaora, y de sus galas y giras por la geografía española y francesa. En París estuvo acompañada por el guitarrista Paco de Lucena, -con quien se le atribuye a Dolores un romance e incluso alguno de sus biógrafos dicen que fueron esposos- y por la bailaora apodada “La Cuenca”, de nombre Trinidad Huertas, tal como se refleja en una publicación en La Iberia con fecha 15 de Enero de 1880, donde ensalzan su actuación y la extraordinaria acogida que tuvo entre el público parisino que considera a Dolores una excelente contralto que canta admirablemente las malagueñas.


En el Diario de Córdoba aparece otra publicación con fecha 25 de Enero de 1880 que decía: “Sigue Paco el guitarrista y la Parrala, contralto, la bailarina Gómez y Prous, el de los saltos, alborotando franceses de París, en un teatro”. La Parrala estaba actuando en el teatro de la calle Taibout de la capital francesa. Su espectáculo se iniciaba con un cuadro de costumbres andaluzas.


El 4 de agosto de 1880 el diario La Provincia de Alicante anunciaba en sus páginas la actuación de Dolores en esta capital. También en la prensa se publican sus éxitos en el Café Teatro de la Plaza de La Marina de Granada, donde compartió escenario con figuras importantes de la época como fue Juana la Macarrona.


Sabemos que Dolores tenía otra hermana bailaora y cantaora de pregones aflamencados

–cante tradicional de los vendedores ambulantes andaluces- que solía acompañarla en sus espectáculos, de nombre Trinidad Parrales, conocida por Trini la Parrala, y a quien está dedicada la famosa copla de “La Parrala” escrita por el maestro Rafael León y popularizada por Concha Piquer. Algunas malas lenguas decían que ella también estaba amancebada con el guitarrista Paco de Lucena, en todo caso a la muerte de este como su viuda oficial figura una tal Eusebia Olmedo. Dolores entre copla y copla se ganó la fama de “mujer fatal”, de ser una gran seductora, por su belleza y desparpajo. Y de reírse de los hombres como venganza por los comportamientos machistas de la época. Dicen que era feminista, y que adoptaba un comportamiento varonil, mal visto entonces en una mujer, probablemente como provocación social. También se comentaba, en los mentideros de la época, que llegó a casarse sólo por dinero con un acaudalado industrial madrileño, a quien abandonó tras fundir su fortuna.


La leyenda de esta cantaora está rodeada de pasión y de misterio. No obstante hay muchas dudas acerca de todas las historias atribuidas a ella, puesto que se contaminan y confunden con la vida de su hermana Trinidad.


Federico García Lorca fue uno de sus fervientes admiradores y en una conferencia pronunciada por el poeta granadino en 1922, con motivo del Concurso del Cante Jondo de Granada, la menciona como una gran artista y cantaora. E incluso la cita en su “Poema del Cante”:

Lámparas de cristal y espejos verdes

Sobre el tablado oscuro

la Parrala sostiene

una conversación con la muerte

En 1912 por las crónicas de la época se sabe que a sus 67 años actuaba aún por España en los más importantes teatros y cafés cantantes. Tres años más tarde fallecía en Huelva, en su casa de la calle del Puerto. Fue a visitarla su amigo y vecino, Fernando el Triana, y según su relato, dice: “Me llamó para que me sentara junto a ella, y me dijo arrímate aquí que voy a cantarte la última seguiriya de mi vida. Y tú me cantarás la última malagueña, porque cuando vuelvas el lunes, ¡óyelo bien! Ya me habré muerto". Y así fue, a los pocos días falleció La Parrala quedando el mito vivo para siempre”.




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