• Merche Toraño

Museo del Romanticismo

Lugares para visitar



Pues sí, amigos, después de visitar en Madrid el Museo del Ferrocarril, del que os hablé hace dos semanas, me dirijo en un autobús urbano hacia la Calle San Mateo, 13, en el barrio de Chueca. Y como os he prometido os cuento esta visita.


En un magnífico palacio de estilo neoclásico construido en 1776 y adquirido por el Estado en 1927, se encuentra el Museo Nacional del Romanticismo. Después de más de ochenta años de su inauguración y cerca de diez cerrado por obras de reforma y restauración, en el año 2009 ha vuelto a abrir sus puertas.


Se pueden hacer dos recorridos en su exposición permanente: uno ambiental en el que se recrea una casa palacio del siglo XIX, y otro que sigue un criterio más temático en el que se abordan aspectos que son señas de identidad de la época romántica. Elijo el primero para empezar. Es un paseo que me transmite paz y tranquilidad, nada deja entrever la época políticamente convulsa e inestable que vivió España, sobre todo en la segunda mitad del siglo.


Las estancias de este edificio me inspiran como una confortable seguridad de estar “dentro de casa” . Las huellas de lo que una generación que representó el romanticismo y de lo que de ella ha llegado a nosotros son evidentes en este museo en el que la vida parece estar presente en los enseres de mesa, elaborados en cristal soplado, cerámica, plata o material textil. Objetos que tal vez hayan viajado en “El Cinca” o cualquier otro tren de la época de los que se pueden ver en el Museo del Ferrocarril. Muchos objetos de decoración y múltiples muebles de los estilos fernandino e isabelino conforman el heterogéneo grueso de más de 7.000 piezas de colección. De las paredes de la casa palacio cuelgan pinturas, algunas de estilo neoclásico y otras del romanticismo como un santo pintado por Goya, máxima figura del arte español de su época u otras con escenas costumbristas que, como claros exponentes de una etapa histórica, nos hacen entender mejor la forma de vida, costumbres y atuendos de los personajes allí representados. Ya en el recorrido temático, llama mi atención la colección de miniaturas y también objetos curiosos como la pistola con la que supuestamente se suicidó Mariano de Larra; figuras de porcelana que delatan el gusto de lo oriental en la época romántica, espejos, relojes u objetos de uso personal.

En una sala dedicada a los juegos de niños de la época, me sorprende la creatividad inquietante de algunos juguetes que más que deseos de jugar producen la sensación de que algo esotérico se esconde detrás de ellos. Destaco, por su regio interés, el wáter en el que Fernando VII colocaba sus reales posaderas o el medallón con un retrato de Isabel II , que tal vez, quién sabe, pudiera llevar la reina en la inauguración de la línea de ferrocarril Madrid-Aranjuez en 1851.


Termino el día con una sensación de placidez que espero que me dure toda la semana. Pero para que yo haya podido disfrutar de este día tan gratamente constructivo, ha habido antes generaciones que con alegrías, esfuerzo y avatares han ido dejando las huellas de su historia, y equipos humanos que en la actualidad, silenciosamente y sin estridencia, restauran y conservan esos tesoros patrimoniales.


Visitar este museo es una buena alternativa para el fin de semana o cualquier otro de esos días que tenemos libres. Os lo recomiendo, tanto a quienes vivís en Madrid como a los que viajáis a esa ciudad.

Imagen de - edad de niebla -








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