• Belén Matanza

No dejes que el trabajo te queme







Seguro que alguna vez os habéis sentido “quemados” en el trabajo y en vuestra vida en general, con ganas de romper con todo. Lo habitual es que sea un sentimiento puntual, el problema se produce cuando se cronifica, y aparece lo que se conoce como “síndrome de Burnout”, o “síndrome del trabajador quemado”.


Esta enfermedad se produce por la cronificación del estrés laboral, lo que hace que el trabajador se agote física y mentalmente perdiendo interés por su trabajo y desarrollando una reacción psicológica negativa que le lleva a aborrecer el desempeño profesional. Me contaba una paciente que trabajaba en la Administración, en una oficina, que llegó un momento que sentarse delante del ordenador le provocaba tal aversión que llegaba a desarrollar síntomas físicos de malestar general.


El síndrome se manifiesta por pérdida de energía en todos los niveles, el trabajador presenta signos de agotamiento físico y mental. Las principales señales de agotamiento físico son el aumento o la pérdida de peso, migrañas, problemas gastrointestinales, e incluso fatiga crónica. A nivel mental las principales manifestaciones de este síndrome son el estrés y la ansiedad, no olvidemos que surge como consecuencia de la perpetuación en el tiempo del estrés laboral.


Ello provoca en el trabajador un cambio de comportamiento, que le lleva a desapegarse y mantener una actitud de indiferencia en el trabajo. Está irritable, colérico, trata mal a los compañeros y a los clientes, frustrado, desmotivado, desarrolla su labor con desidia generalizada y desinterés lo que provoca olvidos frecuentes y falta de atención en las tareas.


Esta patología se detectó inicialmente en las profesiones que están en contacto directo con el público y expuestos socialmente. Fue descrito por el psicólogo estadounidense Herbert Freudenberger en los trabajadores de los servicios sociales del Bronx en Nueva York. Pero puede producirse en cualquier actividad laboral pues surge de la discrepancia entre las expectativas laborales del trabajador y las tareas que se le encomiendan. También los ambientes laborales excesivamente tensos y con relaciones laborales manifiestamente conflictivas pueden provocar esta reacción psicológica negativa y la aversión del trabajador, quien no se va a sentir realizado ni personal ni profesionalmente lo que le va a afectar en todos los ámbitos de su vida.


El manejo del síndrome de burnout pasa por el control del estrés laboral, y exige necesariamente la modificación de las condiciones laborales que lo provocan, y si es necesario habrá que reubicar al trabajador, reducir la presión asistencial, reajustando las funciones y responsabilidades y ofreciendo el apoyo y los recursos precisos.


Aunque no existe un perfil típico de las personas propensas a padecer burnout si existen algunas cualidades o rasgos personales que les hacen más vulnerables. Los conformistas, inseguros y dependientes tienen menor tolerancia a las situaciones estresantes lo que les convierte en candidatos a sufrir ansiedad y depresión. Igualmente las personas con baja autoestima y los demasiado perfeccionistas aumentan las probabilidades de desarrollar esta enfermedad que fue reconocida como tal por la OMS en el año 2019.


Se distinguen dos tipos de burnout, el activo, en que el empleado mantiene una actitud asertiva y se relaciona con aspectos externos a la profesión, como el exceso de burocratización o la excesiva carga asistencial, y el burnout pasivo en que el trabajador muestra apatía y está más relacionado con los factores psicosociales del propio empleado.


El tratamiento requiere un abordaje global que incluya tanto cambios organizativos en la empresa como psicoeducación y atención psicológica individualizada del trabajador en el que se trabajen aspectos como el afrontamiento del estrés, mejora de la autoestima y la resiliencia y asertividad, pero como somos un ente biopsicosocial tampoco debemos olvidarnos de la importancia de los hábitos de vida saludables con la que os aburro en todos mis artículos pero que estoy convencida ya os habéis aprendido.


Y por supuesto la mejor aliada contra el burnout es la prevención, no dejes que la frustración se instale en tu vida, al menor síntoma ponle remedio. La vida es muy corta y no podemos vivir amargados. El trabajo es importante pero si no te llena lo que estás haciendo, toma la etapa como algo provisional y vete preparando el camino para dar el salto a otro trabajo o incluso a otra profesión.

Imagen de -edad de niebla-

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