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  • Foto del escritorMerche Toraño

¡Ay finalizadas vacaciones de verano!




La palabra vacaciones deriva del latín vans, proviniente del verbo vacare que significa estar desocupado. Son un derecho vigente. Consagradas en la legislación española como anuales y remuneradas. No inferiores a 30 días naturales según el Real Decreto Legislativo 2/2015 del 23 de octubre, que aprobó el texto refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores.


Vacaciones, símbolo de parada en el trabajo remunerado, de olvidarse de la cara de los jefes, de compensación de los esfuerzos acumulados. Están asociadas a actividades al aire libre, deporte, viajes turísticos, reuniones con amigos, encuentros con familiares,cese temporal en los estudios -para los que llevaron bien el curso-, cambio de las rutinas cotidianas, paseos, espectáculos, viajes, romances, mar, montaña... en definitiva, las vacaciones fueron creadas y se vinculan al descanso y al ocio, para desconectar de las obligaciones propias del día a día y hacer aquellas cosas o cumplir aquellos deseos para los que no tuvimos tiempo el resto del año. O por lo menos esto es lo que esperamos cuando pensamos de ellas.


¡Ay, deseadas y, a veces, traidoras vacaciones!


Carretera, estaciones, aeropuertos, equipajes, gasto extraordinario cansancio con el que no contábamos, desarreglo de nuestras finanzas, preocupación por el devenir de nuestra economía domestica en los meses sucesivos cuando volvamos a la realidad, preparación de la vuelta al cole de nuestros peques, cambio en los armarios roperos de la familia y por si todo esto fuera poco ¡toma! ¡síndrome postvacacional!. Eso para los que tienen la suerte de poder "disfrutarlas” porque no son un privilegio al que todos puedan acceder. El consuelo para estos últimos podría ser que no van a notar cambio alguno en su vida y por tanto tampoco sufrirán ninguno de esos síndromes modernos.


Dicen los expertos que las vacaciones previenen de patologías asociadas al estrés y ayudan a incrementar la productividad el resto del año. No lo pongo en duda ¡faltaría más!, los expertos son los que saben ¿o no? pero lo que se acostumbra a escuchar a quienes regresan de ese reposo o lo que sea, y pronunciada con tono de mucha resignación, es una frase que por repetida se ha hecho popular: “Lo bueno se acaba pronto”. Por lo que se intuye que lo que tienen que retomar no les produce ni mucha ilusión ni demasiadas ganas.


Lo primero que proyectamos son los destinos. Hay para todos los gustos: pueblo, montaña, etcétera ¿Y a dónde vamos? Refiriendome siempre a las clases populares, porque “las vacaciones de las “impopulares” son otra cosa ya que al poder gastar cantidades de dinero que casi tocan la obscenidad, no tiene nada que ver con las del resto de mortales menos favorecidas por la fortuna. Una mayoría, eligen las playas: apartamento, de alquiler o propio, eso sí con ama de casa incluida en la maleta, u hotel con desayuno, media pensión o todo completo para los más suertudos: camisetas, chanclas hamacas, sombrillas, vecinos pegados a la mínima superficie que ocupa nuestra toalla, arena hasta en las orejas, patinetes, comidas en los chiringuitos, bocadillos, tapas, horas de sol, porque de lo que se trata es de volver morenos para que todos se enteren de que hemos veraneado. Solo nos falta en estos tiempos que corremos el balón azul de NIVEA,


No hay espacio en esta página para describir todos las modalidades o estilos vacacionales pero hay uno que no puedo ni quiero obviar, el culto, las vacaciones que dan en llamar culturales: colas interminables, paisajes increibles, carreras contra reloj para que nos de tiempo a ver lo más posible, cansancio máximo al final del día, kilómetros rodados, visitas a museos, y monumentos... a tantos que cuando se termina ese periplo hemos olvidado gran parte de lo que vimos ¡Ah! pero para recordar están nuestras redes sociales y la multitud de fotos que fuimos publicando porque, con filtros o sin ellos, son un testimonio de nuestro estatus cultural, de que las cosas existen, las visitamos, y eso merece divulgación. No me digáis que en esto no hemos caido casi todos. Y es que, las vacaciones son las vacaciones y deben gozar de licencia para esplayarse sin tabúes


Espero que hayáis interpretado en este escrito las connotaciones de humor, que hayáis tenido unas estupendas vacaciones, un retorno sin síndrome, al igual que ocurría en otros tiempos, y dispuestos o predispuestos a no sufrir las patologías ocasionadas por el estrés e incrementéis la productividad, aunque solo sea para darles la razón a los expertos.


Ánimo, feliz otoño y a esperar con paciencia las próximas.

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