• Merche Toraño

Que Dios nos coja confesados


La historia de la comunicación es una actividad social simultánea al transcurrir histórico y los acontecimientos, avances y retrocesos que en él ocurran.


En estos momentos estamos viviendo, desde el siglo XV, con la imprenta de Gutemberg, la más grande revolución en la práctica de transmisión de mensajes. Es cada vez mayor la importancia y la necesidad de los medios de comunicación masivos que se han convertido en uno de los más importantes rasgos distintivos de la sociedad actual, una sociedad que se caracteriza como la sociedad de la “comunicación mediada”.


En un principio los medios de comunicación de masas fueron concebidos como una herramienta de información, pero los avances tecnológicos los han ido convirtiendo en el eje primordial de la globalización. Las nuevas tecnologías, con Internet, han franqueado fronteras, han acercado a los pueblos y sus gentes en la distancia y en el tiempo, han facilitado una comunicación del conocimiento sin precedentes; sirven en las sociedades capitalistas al sistema económico y su aparición ha cambiado nuestro estilo de vida y, en cierta manera, se han adueñado de ella. Su permanente don de ubicuidad aporta nuevas formas de interrelación que nos permiten estar informados al minuto de todo cuanto ocurre, lo mismo a escala nacional como internacional. La inmediatez de la transmisión e intercambio de comunicación en tiempo real mediante las redes sociales, convierte a estas en un potente instrumento de socialización que sirve con gran eficiencia a personas, empresas y movimientos ciudadanos, facilitando proyección pública y comunicativa, utilidades y cambios, pero como individuos solos delante de una pantalla, somos muy vulnerables a la persuasión, que lleva como consecuencia a la manipulación, y la opinión pública recibe sobre un mismo tema una ingente cantidad de información cuya gestión es imposible de abordar de forma coherente y reflexiva.


Si el poder, pues, es diluido porque depende de fuentes que están obligadas a garantizar su credibilidad y, por otra parte, es válida cualquier tipo de fuente que sea capaz de construirse como fidedigna para ser tenida en cuenta, ¿no estamos más que nunca a merced de cualquier persona u organismo con capacidad social y organizativa suficiente para crear opinión? Ese: “…estadio superior de la democracia occidental, de Poder diluido”, esa consciencia, según Jesús Timeo, de la gente de tener el poder en sus manos, esa reorganización de la sociedad por los medios de comunicación ¿no puede ser la gran trampa del siglo XXI?


Por el momento el mundo de las pantallas y la socialización sin límites no es el futuro ¡Qué vaya a saber lo que nos depara! Es el presente. Un presente que nos ha deslumbrado y alcanzado, como individuos, a una mayor velocidad que la que nuestra mente puede llegar a soportar para ser capaz de discernir entre la superlativa cantidad de informaciones y mensajes que pululan por la virtualidad.


Así que como expresa el dicho popular: "Que Dios nos coja confesados".


Imágenes - edad de niebla -

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