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  • Foto del escritorMerche Toraño

Me encantan las azaleas



La semana pasada, una mañana, como muchas otras después de desayunar, salí a hacerles una visita a mis flores.


No, no escribo esto en primavera, estamos a principios de noviembre y mis azaleas, al igual que cada año por estas fechas, acostumbran a estar pletóricas en su floración. Comienzan este proceso en octubre, un ciclo que dura hasta marzo sin dejar de ofrecer color y vida con tal fuerza y abundancia que se permiten concederme el regalo de alegrar mi casa desde floreros donde coloco algunas de ellas. Pero ese día sus pétalos estaban mustios, lánguidos, decaídos. Los temporales de fechas anteriores habían cambiado por sepia su color rosa, y sus tallos aparecían sin fuerza para soportar el peso de aquellas flores que se morían sin remedio, y en su agonía los hacían cimbrear. Lamenté el hecho pero me animó la certeza de que la azalea es una planta fuerte y pronto se recuperaría y volvería a resplandecer. Continué mi camino por el corto espacio que ocupa mi “jardín botánico”, ahora con plantas que comienzan más tarde a florecer como las camelias, prontas al nacimiento de sus capullos. Hasta aquí todo en orden. La nefasta climatología no había podido con estos árboles que seguían erguidos como si nada hubiera ocurrido. De repente noté una sensación extraña, una impresión de vacío, como si algo rompiera el orden acostumbrado. No entendía el motivo de esa especie de inquietud. Me detuve delante del árbol de lilas blancas. Estaba dañado. De sus tres ramas principales dos aparecían en el suelo, rotas desde la raíz sin posibilidad de recuperación. Bueno: " le queda una en pie", me consolé. Seguí el recorrido sin que se desvaneciera aquel sentimiento de incertidumbre que no sabía a que se debía. Pero, de pronto, algo pasó por mi cabeza. ¡Eeeh! Volví unos pasos atrás y… ¿Y el árbol de lilas malva? Había desaparecido. No estaba. No quedaba nada nada, solo el sitio. ¿Cómo es posible que se haya esfumado sin dejar huella? Aparté un poco la hierba del lugar donde debería estar y pude ver unos restos de raíces. Llevé algo más lejos la vista y allí estaba tronchado desde la base. Se había quedado tirado hasta donde el viento lo había querido llevar ¡Réquien por mis preciosas lilas! Era la tercera planta en brotar cuando las azaleas ya finalizan su ciclo. Me gustaba detenerme a respirar aquel aire aromatizado en su etapa de máxima floración. Este año no lo podré hacer. Me conformaré con ver abrirse las camelias con las que compartían contemporaneidad durante unas semanas. De momento continúan las azaleas. Me encantan. Cuando florecen los crisantemos, ellas ya están ahí, son mis preferidas para llevar al cementerio el Día de todos los Santos. Cada año las elijo por su delicadeza de forma y de colores y por sus connotaciones evocadoras, para mí, de unos tiempos pasados con esos seres tan queridos a los que ahora tengo que visitar en el camposanto.



Dice un refrán que “El veneno viene siempre en frascos pequeños” pero también se esconde muchas veces detrás de la delicadeza y la suavidad de formas como en estas flores que en sus hojas y néctar alojan una toxina llamada andromedotoxina, muy dañina, especialmente para nuestros niños o animales de compañía si se les ocurriera ingerirla. Pero no hay que renunciar a disfrutar de su belleza por esto. Al igual que con las personas tóxicas lo único que hay que hacer es no entrar en contacto directo con su ponzoña ¡Y ya está! Porque pueden ser un arreglo floral ideal para decorar cualquier rincón de nuestra casa, no solo por su belleza sino porque son muy duraderas como flor cortada. Además, una leyenda china dice que tener en casa esta planta da suerte.


Se cultivan bien en interiores y exteriores y resultan muy fáciles de cuidar. Si, teniendo en cuentan que sufren por el calor, las mantenemos en un lugar en el que no reciban directamente la luz del sol y las regamos a menudo, habrá azalea para años. Las mías tienen diez o doce, están preciosas y mantienen un ciclo de floración que comienza en octubre y dura hasta marzo.


¡Me encantan las azaleas!


Imágenes de - edad de niebla -


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